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Obituarios


Iván Zulueta en una exposición sobre su obra en 2005

En 1965 alguien lo cuela en mi último guateque, fiestas que ya solamente tienen sentido, me doy cuenta ese mismo día, cuando acuden piratas. Estudia en la escuela de cine de la calle Génova; me entero, también ese día, de que el cine es algo que se puede estudiar. Un pirata hablando de disciplina.

El contacto es inmediato. Es el primer moderno. En vez de estar obsesionado por la política española lo está por la contracultura en general y, eso no lo sabe aún, por la poética cinematográfica. Andy Warhol, los rockeros que aún casi nadie conoce -Cream, John Mayall, Jefferson Airplane- son sus fetiches, y sus prácticas en la escuela son de género, principalmente de terror. Como no le interesa la revolución sino el cine nadie le hace caso: quiero decir los que al final no hicieron ni cine ni la revolución. Iván, Antonio Gasset y yo configuramos un trío de la bencina. Durante tres o cuatro años nos educamos juntos. Nos pirateamos mutuamente horas y horas de cine. Prácticamente nos fumamos el cine. Si alguien es mi maestro, esa persona cuya opinión se tiene siempre presente cuando se trabaja, ese es Iván Zulueta.

De sus otras vidas no sabemos nada, son el corazón de las tinieblas. Tremendamente vago, hace cosas sin parar y sabe muy bien en qué país vivimos, porque la policía entra en un colegio mayor durante una proyección de sus mejores cortos y los confisca. No vuelve a saber de ellos.

Sus supuestos fetiches eran obsesiones. Las reúne en una película única -en todos los sentidos-, Arrebato. Ahí nace la libertad en el cine español, aunque nadie lo comprende. Lástima que sea tan autobiográfica. Demasiado tarde se da cuenta de que la poética del cine nace de la libertad de moverse en las tinieblas.





Joan Oncina (1921-2009)

Maestro tenor


Joan Oncina

El tenor Joan Oncina, de familia valenciana (vinculada a una célebre horchatería de la calle de Aribau), murió el pasado 29 de diciembre. Nacido y residente en Barcelona se distinguió muy pronto por su voz de lo que entonces se llamaba tenore di grazia, es decir con una voz lírica ligera de sonido muy grato y especialmente adecuada para la interpretación de papeles del bel canto que, en su tiempo, se prodigaba muy poco.

Formado con la soprano Mercè Capsir, había debutado con ella en Girona en la ópera Manon de Massenet, y el halagüeño resultado le abrió las puertas del Gran Teatre del Liceu en enero de 1949, en el papel de Paolino, de Il matrimonio segreto, de Cimarosa (con la que su maestra se despidió de la carrera). Como estos papeles se apreciaban poco aquí, viajó a Italia, donde obtuvo encargos importantes cantando en varias ciudades papeles de Donizetti, Cimarosa y Rossini, y grabó la primera edición completa de Un giorno di regno, la única ópera bufa de Verdi (1951). Ese año se casó con la extraordinaria soprano Tatiana Menotti y en 1952 fascinó al público inglés cantando la entonces poco conocida La Cenerentola, de Rossini, en el Festival de Glyndebourne (que el empresario Pàmias hizo cantar también en el Liceu dos años más tarde).

Después realizó una interpretación sensacional del libertino Comte Ory de Rossini (bajo la guía de Vittorio Gui), que grabó poco después, contribuyendo con sus iniciativas a afianzar la “Rossini Renaissance” iniciada en los años 1950. En 1958 cantó L'Heure espagnole, de Ravel, en La Scala de Milán. Pero fue un intérprete versátil y su versión de Werther (Massenet) junto a Leyla Gencer (1962) fue otro de sus grandes logros. Cantó con mucha frecuencia en la Ópera de Viena, donde apareció en el papel de Don Ottavio, del Don Giovanni de Mozart y otras muchas funciones (más de 200) hasta 1976.

Volvió con frecuencia al Liceu y abordó el Faust del Mefistofele de Boito en el Liceu (1969), y emprendió después papeles de mayor peso, incluyendo un Don José en Carmen de Bizet. Elegante siempre, con una emisión vocal impecable, fue un intérprete de gran calidad valorado en todo el mundo de la lírica, con una simpatía personal que revelaba su bondad, se retiró hacia 1977 y se estableció en Barcelona con su esposa Tatiana. La muerte de su mujer en, octubre de 2001, le causó una fuerte depresión, pero no dejó de formar y prodigar sus consejos a numerosos alumnos de canto y fue jurado del premio Manuel Ausensi de canto hasta 2007. Con la ayuda de un amigo redactó unas interesantes, aunque breves, memorias de su vida artística que merecerían ser difundidas, porque fue uno de los grandes cantantes españoles que se movió por el mundo internacional de la lírica en una época en que esto no era muy frecuente.





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